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Soy presa de alucinaciones arteras
drogada por mis deseos
que profeso sin reservas
entre un alquimista y un arlequín
sé de sus febriles desasosiegos
ambos como grises pájaros sobre mi techo
ciegas luciérnagas en mi lecho
ambos para mí perdidos
justo allí en el ensamble del vértigo con el amor
sin reglas que profesar
tambaleante
anonadada
he dejado de soñar
en la habitación de mis pesadillas
paralizada
me he quedado estacionada
emplazada
en sus alucinantes diatribas
diálogos tambaleantes
de quisquillosas efervescencias
el atlas de mi palabra
moldeado por mi cuerpo
tantas veces despedazado
abierto como la gaveta de mi mesa de noche
de oscura fisonomía
trozos de labios
pedazos de besos sobre los senos
pero sigo siendo la misma de ayer
ingobernable
anclada al dolor
me he sumido en el silencio cómodo
no porque haya faltado corazón
sino sólo el valor
para asumir
que no puedo habitar feliz
.